miércoles, 27 de febrero de 2013

Pan pita


El pan pita (o pan de pita) es un pan redondo y plano, que se toma en muchos países mediterráneos y árabes. Se cocina poco tiempo a muy alta temperatura. Eso provoca que se cree en su interior un hueco, que se puede rellenar con distintos alimentos. Se usa para preparar los gyros y los Döner kebabs, ahora tan populares. También se come tal cual, acompañando a otros platos. Una manera muy típica de tomarlo es con cremas, como la de garbanzos (hummus) o la de berenjenas (baba ganoush).




En Londres comí hace años en un restaurante iraní, donde toda la comida te la ponían encima de un pan de pita enorme. El pan de pita hacía de plato y, sobre él, estaba la carne y la ensalada, dispuestas como en un plato normal. Ibas comiendo y arrancando trocitos del pan para acompañar. Era un sitio muy pequeño y apartado, con una comida exquisita. No he podido volver nunca, porque no recuerdo el nombre del sitio ni de la calle, aunque si la zona donde estaba. Tenía un comedor pequeño, con tres o cuatro mesas en la parte superior del local. No servían bebidas alcohólicas, pero te permitían llevar tu propia botella de vino.

Nunca había hecho pan de pita y me ha resultado facilísimo. Tan fácil que ya voy a empezar a experimentar con las versiones integrales. Los hice para la cena, con las cremas libanesas, y los que me sobraron los guardé en una bolsa de plástico hermética en la nevera. Esta mañana me he tostado uno para desayunar, le he echado un poco de mantequilla y no os podéis ni imaginar cómo estaba de bueno.

Yo hice la masa del pan de pita y el levado en la máquina de pan, con el programa de amasado. Pero os voy a dar también las instrucciones para hacerlo a mano o en la Thermomix.


Ingredientes:
500 g de harina de trigo de fuerza
Una nuez de levadura de panadería fresca (o un sobre de levadura de panadería)
Una cucharada de aceite
Una cucharadita de sal
Una cucharadita de azúcar
250 ml de agua tibia
En la máquina de hacer pan, echamos el agua tibia, la levadura, el aceite, el azúcar, la harina y la sal. Elegimos el programa de amasado. Cuando termine el programa, sacamos la masa y hacemos una bola con ella.

Si lo hacemos a mano, en un vaso o bol ponemos el agua tibia, la levadura y el azúcar. Mezclamos y dejamos reposar 5 minutos. En un bol grande ponemos la harina y la sal y hacemos un agujero en el centro, donde echamos el aceite y el agua con la levadura. Amasamos bien. Cuando tenemos una masa uniforme, hacemos una bola y la dejamos reposar en un sitio tibio, cubierto con un paño o papel film durante 30 minutos (hasta que haya doblado su volumen).

Si lo hacemos con TMX, ponemos el agua, el aceite y el azúcar, un minuto, velocidad 1, temperatura 40. Echamos la levadura y mezclamos 10 segundos a velocidad 4. Añadimos la levadura y la sal y mezclamos 1 minuto a velocidad 6. A continuación amasamos a velocidad espiga durante 3 minutos. Sacamos la masa, hacemos una bola y la dejamos reposar la masa en un sitio tibio, cubierto con un paño o papel film durante 30 minutos (hasta que haya doblado su volumen).

Una vez que la masa ha reposado, tanto si la hemos hechos con la máquina de pan, a mano o con la Thermomix, la dividimos en 8 trozos del mismo tamaño. Con cada trozo hacemos una bola y lo aplastamos, ayudándonos al final con el rodillo, para hacer una tortita redonda, fina (como de ½ cm de grosor).




Las colocamos en la bandeja del horno sobre papel de hornear (si no tenemos, podemos untar la bandeja con aceite).




 Las rociamos con un poco de agua y las dejamos que crezcan durante 30 minutos.



Mientras tanto, encendemos el horno a 250º.

Con el horno bien caliente, metemos las tortitas y horneamos entre 5 y 10 minutos. A mí personalmente me gusta que queden blanquitas. Es importante que se inflen, creando un hueco en su interior.



Se sirven calientes, que es cómo están más ricas. Las que nos sobren, las podemos guardar en una bolsa o recipiente hermético en la nevera.



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