martes, 1 de marzo de 2016

Manairó (Barcelona): Acabamos de salir y ya tenemos ganas de volver

 
 



 

En nuestra búsqueda de los mejores menús de mediodía de Barcelona, también hemos ido a restaurantes con estrella michelin. Sí, parece raro, pero muchos restaurantes con estrella tienen también menú de mediodía. El precio suele rondar los 40 euros. Todos nos gustaron muchísimo, aunque son muy distintos unos de otros. Tengo intención de hacer entradas de todos ellos, pero aquí os voy a dejar un adelanto. También hemos ido a menús en restaurantes más casuales de cocineros que tienen estrellas en sus restaurantes principales, como El informal de Marc Cascons o el Roca Bar de los hermanos Roca. Estos últimos nos decepcionaron un poco. Esperábamos más de cocineros estrellados.

Nuestra primera visita fue al Hisop. Nos encantó y nos pareció increíble lo bien que habíamos comido por 35 euros (todo incluido). Es un restaurante pequeño, minimalista, que sirve platos de autor muy bien elaborados. El menú de mediodía les sirve de laboratorio de ensayo para nuevas creaciones.

Después fuimos al Angle, de Jordi Cruz. Yo tenía muchos reparos al ser un cocinero tan mediático. Nos sirvieron algunos platos de los más representativos de su cocina, a cada cual mejor. El servicio muy cuidado. Salimos impresionados, especialmente Ulises, que insistía en que teníamos que volver otro día al menú degustación.

El tercero fue el Cinc Sentits, el más caro de todos. El menú costó 55 euros sin bebidas. Fuimos con amigos. Es un restaurante muy sofisticado, con mucha puesta en escena. La comida, deliciosa.

El cuarto el Caelis, el más clásico de todos, en un salón muy elegante del Hotel Palace. Había puesto el más lujoso, pero en casa me han corregido. Me dicen que hay muchos tipos de lujo. Este sería de lujo tradicional. Por 39 euros incluía aperitivos, dos platos, bebidas (con relleno de las copas de vino), postres o quesos, cafés o infusiones y pastelitos. Cocina francesa elaborada con maestría. Yo quedé enamorada de su cocina y ya he reservado para volver con unas amigas, Bertha y Ana.

Y el viernes, el último por ahora, el Manairó. (Nota del 02/03/2016: Justo hoy, al día siguiente de escribir esta entrada, me entero de que el Manairó ha perdido la estrella en la edición de este año de la Guia Michelin. Bien que lo siento porque, realmente, pienso que se la merecen.)

El caso es que teníamos reservado para volver al Hisop, porque, como fue el primero, los recuerdos de él han quedado un poco sepultados con tantos platos que comimos desde entonces. Ulises insistía en ir, pero a mí me daba pena repetir teniendo todavía tantos sitios pendientes. Un par de días antes cancelé la reserva e hice una para el Manairó. Esa es otra cosa que me sorprende. No hemos tenido problemas para conseguir mesa en ninguno de estos restaurantes y, cuando hemos ido, todos tenían libres. Creo que en cualquier otro sitio, un restaurante de esta categoría a estos precios estaría siempre lleno, pero la oferta gastronómica de Barcelona es tan grande y buena que es difícil llenar. Especialmente, cuando hay restaurantes maravillosos, como el Alvart o el Sergi de Meia, donde puedes comer por aproximadamente 20 euros.  Sólo hemos tenido problemas para el Tickets, el bar de tapas de los hermanos Adriá (también con una estrella michelin). Tanto es así, que he visto un artículo de la CNN sobre "los nueve restaurantes en los que es casi más difícil entrar que en Harvard", donde se le incluye. Al final, lo logré y espero que no me decepcione.

No había oído hablar mucho del Manairó, pero el juves leí una reseña que me encantó y me hizo esperar con mucha expectación la comida. Era un artículo de Economía digital  donde lo califican como el "Blade Runner" de la alta gastronomía. La verdad es que el restaurante tiene una personalidad marcadísima, como con un futurismo de caverna.

El local es pequeño y oscuro. El camarero te acompaña a la mesa con una especie de jaula de pajaritos que es la lámpara que coloca sobre la mesa. De esta manera solo están iluminadas (y con lámpara) las mesas que están ocupadas. Hay muchos otros detalles (como unas raíces de metal de las que cuelgan las copas), inventos raros y obras de arte.






No habíamos ido antes porque quedaba un poco alejado de la zona donde nos movemos habitualmente. Vamos con prisa a comer, así que intentamos que estén lo más cerca posible. Ese es uno de los criterios, aparte de las buenas críticas.





La entrada es sencilla, pero ya marca claramente el estilo del restaurante. Muchos restaurantes pequeños de Barcelona tienen banderines fuera con su nombre. Es que pasas por delante y casi no te das cuenta de que están ahí, así que algo ayudan a hacerlos visibles.




En la carta había varios menús de degustación (uno de ellos con 17 platos), el menú de mediodía y algunos platos clásicos.





Nosotros optamos por el menú de mediodía. Consta de dos entrantes, dos primeros, un segundo (a elegir entre dos), postre (a elegir entre dos), café y bocaditos dulces. Todo eso por 40 euros. La bebida no estaba incluida, pero no se pasan con los precios.

Ese día tocaba Crujiente de Ternera, Patatas Costa Bravas, Calamares de Huevo Frito con Patatas Engrasadas, Arroz con Cola de Buey y Mejillones y, para elegir, Longaniza de Pescado con Callos de Congrio o Meloso de Ternera al Curri. De postre, Agrio de Fresas con Nata con Helado de Pimienta o Roca Blanda de Chocolate con Helado de Leche de Cabra. Como veis, bastante abundante y todo tan rico y espectacular como sonaba. El pan que nos sirvieron era también casero, de masa madre. Lo hornean antes de cada servicio. Hay blanco e integral.




El Crujiente de Ternera era como las típicas cortezas de cerdo, pero de ternera y con un toque picante. Muy buen comienzo. Le siguieron las Patatas Costa Bravas, que era una especie de crema con un intenso sabor a camarones.






Después, el plato más espectacular, los Calamares de Huevo Frito. Aparentemente son unos calamares rebozados, pero no tienen calamares, sino que están rellenos de huevo. Mezclados con las patatas que los acompañan, saben como a huevos estrellados. El caso es que a mí no me gustan los huevos estrellados y este plato me encantó. Pensé que no lo podría tomar. Le tengo asco a la yema de huevo desde que las monjas, del colegio en el que estudié, me obligaban a comerme los huevos fritos con la clara medio cruda. Pero nada, me comí el plato enterito y hubiera repetido.

En este vídeo, podéis ver a Jordi Herrera (el chef del restaurante Manairó) preparando este plato. Yo pienso hacerlo pronto, así que publicaré la receta en el blog.







Aún hubo otro primero, el Arroz con Cola de Buey y Mejillones. La textura era increíble, porque la carne estaba totalmente deshecha. Era como un arroz meloso, pero unido por hilillos de carne. Nunca había tomado nada parecido.





En quinto lugar, la Longaniza de Pescado o el Meloso de Ternera. Los dos riquísimos. A estas alturas ya estábamos totalmente entregados a la cocina de Jordi Herrera. Nosotros y el resto de comensales, porque de todas las mesas oíamos comentarios de lo bueno que estaba todo, plato tras plato.











Los dos postres, de escándalo, como no podía ser menos. Aunque a mí lo que me entusiasmo realmente fue el helado de pimienta que acompañaba a las fresas. Se lo dije y me trajeron una ración completa sólo de helado. No fue nada extraño, porque el personal era extremadamente amable y todo el tiempo daban explicaciones sobre los platos, preguntaban si nos gustaban y que tal íbamos.













Con el café nos pusieron unos bocaditos que, sin estar malos, fue lo que menos nos gustó (dado el altísimo nivel de todo lo demás).

Al terminar, preguntaron a Ulises si quería ver la cocina. Nos apuntamos toda la familia. Era una cocina pequeña con unos cocineros muy jóvenes. Nos explicaron algunos de los inventos de Jordi Herrera que utilizan para la elaboración de los platos, como la parrilla faquir (con clavos para asar carne) o el asadero de pescados (como los asaderos de pollo). Allí ya me dio corte sacar fotos.

También vimos a la salida el prototipo de la nueva máquina (aún en prueba), una centrifugadora para asar carne y que, gracias a la fuerza centrípeta, mantiene todos sus jugos.

Nos quedamos con ganas de probar la pizza esferíficada, así que tendremos que volver. Nos dijeron que, si avisábamos incluían en el menú el plato que quisiéramos.





Manairó
Carrer de la Diputació, 424
08013 Barcelona



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