sábado, 23 de enero de 2016

La Pepita (Barcelona): Tapas de lujo o un lujo de tapas





Cuando buscaba los mejores locales para comer tapas en Barcelona, me aparecía siempre el nombre de La Pepita. En TripAdvisor tiene 1.575 opiniones y lo califican como el restaurante nº 78 de 7.367 restaurantes en Barcelona. Como diría Iker Jiménez: "Ahí es nada". 

Tiene también reseña propia en Time Out Barcelona y en PlateSelector. Por cierto, esta última se está convirtiendo en mi web de gastronomía favorita.

La Pepita está situada en el carrer de Corsega. Para los que conocéis algo de Barcelona, esta calle está justo por encima de la Diagonal con Paseo de Gracia, hacia el lado derecho. Es decir, en la parte de abajo del barrio de Gracia. Es una zona que nos suele pillar a desmano cuando salimos a picar algo.

El barrio de Gracia está muy de moda, lleno de maravillosas tiendas, fruterías y restaurantes pequeños. A mí me parece el Brooklyn barcelonés. Y como tal Brooklyn está lleno de hipsters o aspirantes a hipsters. Por eso han aparecido como setas barberías tipo vintage, con barbudos que cortan el pelo y masajean las barbas con esencias de eucalipto.

Pues, aunque parezca raro, una tarde decidimos encaminarnos a una de esas barberías. Ésta, en concreto (Barcelona Barber Shop en Torrent de l'Olla), me la había recomendado un enfermero encantador del Hospital Vall d´Hebron, al ver cuanto le había crecido el pelo a Ulises.






He de reconocer que hicieron un trabajo estupendo, dejándolo con uno de los mejores cortes que ha tenido nunca.

Eran cerca de las ocho, así que pensamos que podíamos ir a tomar algo. Nos gusta cenar pronto para que no haya tanta gente en los sitios. Primero pensamos en ir a un vietnamita al lado de la barbería, pero lo encontramos un poco frío, así que nos decidimos por La Pepita.

Yo tengo marcados con un asterisco en Google Maps los sitios a los que quiero ir. Lo podéis ver cada vez que os pongo un mapa con una dirección. Se me está llenando de asteriscos, lo cuál me está empezando a agobiar. Lo bueno del tema es que cuando estoy en un sitio, y miro en el móvil mi ubicación, puedo ver en un momento los restaurantes que he preseleccionado. Así no me meto en ningún sitio a lo loco. De hecho creo que en esta estancia en Barcelona no he comido en ningún sitio que no me haya gustado (aunque, claro, unos más y otros menos).

Llegamos a La Pepita y nos gustó ya su aspecto exterior. Tiene todos los cristales y, en el interior, todas las paredes cubiertas de grafitis. No sé cómo empezó la cosa, pero ahora casi todo el que va deja allí su firma.





Aparte de eso, es muy bonito y con una decoración e iluminación muy cuidadas. Nosotros tuvimos suerte, al ir pronto, de encontrar una mesa. Enseguida se puso aquello hasta la bandera.




Nos sentamos al fondo y pedimos unas cuantas tapas. Solo sirven tapas y pepitas. Las pepitas son como la versión fina del clásico pepito de toda la vida, más elaborados y con el pan muy delgadito, como una coca.

Pedimos un trifásico,  que consistía en ensaladilla, escabeche de caballa servido en lata y unas croquetas de pollo. A mí no me gustó el escabeche, porque no soy muy de caballa, pero a Manolo le encantó. Tampoco soy de ensaladilla, pero ésta estaba divina. Y las croquetas... las croquetas deliciosas. El problema es que el tamaño de cada una de estas cosas era como el de los pinchos que te dan gratis a veces.




Ulises, para él, se pidió una Very Important Croqueta. Era una croqueta muy larga envuelta en jamón ibérico. Fue lo que más le gustó. A nosotros también nos encantó la esquinita que nos dejó probar.





Como es temporada de alcachofas, las pido en todas partes. Aquí no fue menos. Me las pusieron con avellanas y salsa de boniato. Estaban muy ricas, pero eran cuatro mitades (es decir, dos alcachofas).




También pedimos carrilleras con champiñones. Una cazuelita pequeña con un estofado tierno y sabroso.




Por último, una pepita de ternera, foie y huevo frito (que no saqué en la foto). Estaba bastante rica.




En resumen, todos las tapas nos gustaron bastante, pero eran eso: tapas. Pagamos 60 euros. Desde luego, me encantó ir y probar las cosas, pero no creo que vuelva con toda la oferta gastronómica que hay en Barcelona.

Os recomiendo, si vais, que paséis de los platos más caros, como las alcachofas y las carrilleras, y os centréis en los trifásicos y las pepitas. Podéis reducir la cuenta a la mitad y tener una experiencia igual de placentera.

Para mí, como digo en el título de la entrada, son tapas de lujo, tanto por la calidad del producto (que diría Ulises) como por lo que hay que pagar por comerlas.




Restaurante La Pepita
Carrer de Córsega, 343
08037 Barcelona


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