viernes, 22 de enero de 2016

Ca L'Estevet (Barcelona): Cocina catalana de siempre, desde Ava Gadner hasta Mark Zuckerberg

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Llevábamos tantos días comiendo en restaurantes bonitos que teníamos ganas de algo más vulgar. El cuerpo nos pedía algo sin emplatado. Buscamos en TripAdvisor y encontramos un restaurante de perritos calientes, The dog is hot, con muy buenas críticas y hasta certificado de excelencia. Pensamos que ese era nuestro sitio. Allí nos encaminamos. Estaba bastante cerca, en Carrer de Joaquín Costa, una calle muy animada del Raval, llena de tiendas, fruterías y bares. 

El sitio casi nos lo pasamos de largo, era diminuto. Además, nos quedamos muy decepcionados porque no tenía mesas para sentarse. Ingenuos de nosotros, que habíamos pensado en llamar para reservar una. A eso había que sumar un único empleado antipatiquísimo. No habíamos terminado de entrar y ya nos estaba diciendo, con malos modos, que cerrasemos la puerta. Decidímos que no ibamos a cenar allí. Pese a eso, mis dos acompañantes decidieron no perder la ocasión y, allí mismo (de pie y a modo de aperitivo), se zamparon un perrito cada uno. Uno con queso y el otro con guacamole. Francamente, estaban bien buenos, especialmente el pan (muy fresco y tierno).




Rápidamente, decidí enmendar la situación. Saqué mi móvil y en Google maps me puse a buscar algún sitio cercano, que estuviera bien, que no fuera un lugar minúsculo y que no se afanasen en el emplatado. Vi, a menos de 100 metros, un restaurante con muy buena pinta, Ca LÉstevet. La descripción del local no encajaba mucho con la zona en la que estabamos, pero como Google nos señalaba una caminata de un minuto, fuimos a echar un vistazo. Si no nos gustaba, siempre nos quedaría el Asador de Galicia. Ante un buen plato de pulpo siempre caemos rendidos.




En cuanto vimos la puerta, nos gustó. Era un sitio transportado allí desde otro espacio y otro tiempo. Vamos, que era como los restaurantes buenos de cuando yo era pequeña. Os dejo un vídeo interactivo de Google para que lo apreciéis mejor. 




La carta en la puerta terminó de convencernos. Eran platos típicos catalanes, de los de siempre, sin más complicaciones. Como el asador gallego, pero en versión catalana.

Cuando entramos vimos que era mucho más elegante de lo que pensábamos, pero con una elegancia de hace 40 años. La pared llena de famosos que habían visitado el local, los camareros elegantemente vestidos como los camareros de antes, la vajilla como la de los restaurantes de mi niñez. En las fotos de la pared, podéis ver (entre otros) a Orson Welles y a Ava Gadner. La foto la saqué de la web del restaurante, donde podéis leer su historia. Lleva abierto, ni más ni menos, que desde 1890. 




Además, de los platos de la carta, cada día ofrecen otros en una página de calendario con santoral.




El día que estuvimos había alcachofas fritas (Carxofes Fregides). No me pude resistir porque las alcachofas me encantan. No os podéis imaginar lo ricas que están. La pinta no es muy allá, pero tienen un sabor muy intenso y un toque crujiente. Este plato lo copio para el festín seguro seguro. Nos comentó el camarero, que explicaba detalladamente cada plato con muchísima amabilidad (respondiendo tanto a nuestras preguntas como a las que no le hacíamos), que el cocinero iba cada mañana temprano a comprar personalmente las mejores alcachofas.




También tomamos unas croquetas. Eso fue lo peor. A nosotros nos gustan muy líquidas y estas eran bastante contundentes, aunque buenas de sabor. La ración, eso sí muy abundante. Eran 9 o 10 croquetas de tamaño grande.

Tomamos también canelones de los que, incomprensiblemente, se me olvidó sacar foto. Son de los más buenos que he tomado nunca. La ración eran 3 y, aunque venían en una cazuela, nos los sirvieron a cada uno en un plato diferente. Por supuesto, cada vez que nos traían algo nuevo, nos ponían platos limpios (aunque pedimos todo para compartir). Los canelones no tenían tomate y eran de carne como de cocido. Nos explicó el camarero que eran muy típicos de comer el día de San Estebán (el siguiente a Navidad). En Navidad era tradición comer cocido y, con las sobras, al día siguiente se preparaban los canelones. .

Por último, y para rematar la noche, nos metimos unos callos, con manitas y cabeza, entre pecho y espalda. La verdad es que estaban riquísimos y me han quedado ganas de volver otro día a repetir. Inexplicablemente, no me sentaron nada mal aún siendo por la noche.






No pensábamos tomar postre, pero dijeron que había coulant de chocolate y a Ulises le apeteció. Y, ya de puestos, nosotros nos pedimos una crema catalana para compartir. La crema catalana no estaba mal, pero las he tomado mejores. En cambio, el coulant de chocolate estaba absolutamente delicioso, aunque el camarero nos aclaró que no lo hacían ellos. No sabemos si eso era algo malo o bueno. Por como lo dijo, parecía que malo.







Y así, tan felices, nos fuimos a dar una vuelta para bajar la cena. Según os lo iba contando en esta entrada, me parecía muchísimo, pero de verdad que no fue para tanto.

Ay, se me olvidaba, al salir el camarero, lleno de orgullo, nos llamó la atención sobre un artículo de prensa que tenían enmarcado. Era de La Vanguardia y decía lo siguiente:

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ha pasado una semana en Barcelona. El Mobile Congress le dio la oportunidad de cogerse unos días libres en la ciudad y los ha aprovechado con bastante discreción. Después de la fiesta de lunes por la noche en la calle Tuset y de cenar el martes en el Celler de Can Roca de Girona, apenas lo hemos visto. Sin embargo, el viernes a mediodía, se dejó caer por el restaurante Ca l’Estevet, acompañado de su mujer, Priscilla Chan. El Estevet es un local tradicional, vinculado a la vida noctámbula y adorado por la gauche divine que, después de unos años de decadencia, ha recuperado una cocina catalana tradicional y muy elaborada. Zuckerberg y Chan, que no tenían reserva, se sentaron en una mesa en medio del comedor. La sala conserva la decoración tradicianal, con fotos en blanco y negro de boxeadores, artistas y futbolistas. Chan, que habla muy bien el castellano, pidió por los dos: anchoas, escalivada, alcachofas fritas y “bacallá a llauna”.




Restaurante Ca LÉstevet
C/ Valldonzella 46
08001 Barcelona


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