miércoles, 25 de marzo de 2015

Mona (o rosca) de Pascua






Cuando yo era pequeña, todos los domingos de Pascua mi abuela me daba una mona grande de Pascua, una docena de huevos y dinero. Eso era porque era mi madrina. A mis hermanos, y a sus otros nietos que no eran ahijados, les daba una mona pequeña, media docena de huevos y menos dinero. Se supone que era para ir de merienda. Los huevos eran para hacer una tortilla y la rosca para el postre. El dinero para lo que yo quisiera. La mona grande tenía forma de roscón con dos huevos cocidos (uno a cada lado), la mona pequeña, en cambio, tenía forma de bollo y llevaba un huevo en el centro. Al menos así es como yo lo recuerdo.

La tradición de las meriendas de Pascua estaba muy arraigada en Sada. Aquí os dejo unas fotos, sacada del blog Memorias de Sada, de unas chicas celebrando esa fiesta en la década de 1930.




En mi infancia, todo esto convivía con los huevos de chocolate, que ya empezaban a ser muy populares. A mi hermano, por ejemplo, le compraban uno sus padrinos. Así que él tenía huevo de chocolate y rosca.

No tengo ni idea de si se sigue haciendo. Supongo que no. Ni siquiera sé si en las panaderías de Sada siguen preparando las roscas. Hace tiempo que no paso allí una Semana Santa. El caso es que  nunca la había hecho yo en casa y llevaba mucho tiempo con ganas.

He visto esta temporada en la red muchos dulces, panes y bollos típicos de Pascua. Son muy bonitos los de la revista Country Living. Hay uno especialmente que me recuerda a las roscas de mi infancia. Es el tsoureki, de Grecia. Pensé en hacerlo, pero preferí hacer la mona de mis recuerdos.




Busqué en el libro de Cocina Gallega de Álvaro Cunqueiro y Araceli Filgueira y allí estaba. Eso sí, no iba decorada con huevos cocidos. Yo tenía claro que sí iba a ponérselos. Además, en lugar de los dos que tenía la mía, le puse ocho que teñí de distintos colores.




A estas roscas nosotros las llamamos monas. Ahora sé que en Cataluña se hacen muchas monas de Pascua y que son unas tartas mucho más elaboradas y decoradas, nada que ver con nuestras humildes roscas.




Ingredientes:
120 ml de agua
Una nuez de levadura prensada
Una cucharadita de anís (o de limón)
50 g de mantequilla (o margarina)
175 g de azúcar
750 g de harina de fuerza
1/2 cucharadita de sal
4 huevos + uno para decorar

Se puede hacer en máquina de pan o a mano.

Para hacer en máquina de pan, ponemos en la cubeta (en este orden), el agua, la levadura, la esencia de anís, la mantequilla, el azúcar, la harina, la sal y los huevos. Elegimos un programa de amasado.













Para hacer a mano, templamos el agua con la mantequilla. Añadimos el azúcar y la levadura deshecha. Dejamos reposar 5 minutos. En un bol ponemos la harina y la sal. Hacemos un agujero y echamos la mezcla de la leche. Amasamos un poco, añadimos los huevos y seguimos amasando. Dejamos reposar, en un lugar cálido, hasta que doble su volumen (una hora aproximadamente).

Una vez que el programa de amasado ha terminado o que la masa ha doblado su volumen, le damos forma de rosca sobre una fuente de horno cubierta de papel de hornear. Si viésemos que la masa está muy pegajosa, podríamos añadirle harina hasta conseguir una consistencia manejable.





Dejamos reposar en un lugar cálido hasta que vuelve a doblar su volumen. Yo lo hago en el horno a 25º.





Una vez que ha crecido, ponemos el horno a 175º.

Pintamos con huevo batido y decoramos con los huevos cocidos














Horneamos hasta que esté dorada y al introducir un palillo, en la rosca, salga seco. Son unos 20 minutos.







Podemos comer fría o caliente. 












Los huevos se separan y se quita la cascara.










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