sábado, 8 de febrero de 2014

Barra de pan gallego







A veces, inesperadamente, encontramos algo que deseamos y no estábamos buscando. Cuando empecé a preparar esta receta no intentaba hacer una barra de pan gallego, sino una baguette (es decir, una barra de pan tipo francés). Los Reyes Magos me trajeron los libros de cocina francesa de Julia Child, que tenía muchas ganas de tener desde hacía años. Julia Child es la cocinera que popularizó la cocina francesa en Estados Unidos. Es uno de los dos personajes principales de la película Julie & Julia. No sé si la habéis visto. Es una historia real sobre una escritora actual que no sabe sobre qué escribir. Empieza un blog en el que publica cada día una receta del libro de Julia Child. Es la típica película donde se cuentan dos vidas en paralelo, la de la bloguera Julie y la de Julia Child. Yo no soy muy de comedias, pero no está mal. Me gusta especialmente la parte de la vida de Julia Child.




Entre las cosas que introdujo Julia en Estados Unidos está la elaboración del pan en casa, al estilo francés. En su libro está todo muy bien explicado, así que decidí guiarme por ella, como la Julie de la película, para preparar mi baguete. Yo no usé sus instrucciones para hacer la masa, sino que hice una básica de pan blanco (la que podéis encontrar en cualquier paquete de harina de fuerza) en mi máquina de pan.




Di la forma de las barras, siguiendo las indicaciones de Julia, y horneé. El pan me quedó bien y muy rico, pero no me creció por las rayas marcadas. Creo que fue porque entendí mal e hice los cortes en vertical, en lugar de horizontal. Además, no tenía nada con lo que cortar bien el pan. Sigo sin tenerlo. Se necesitaría una cuchilla. 







Al día siguiente, volví a probar. Esta vez, dejé reposar las barras un poco de cada lado, para que formaran una especie de costra todo alrededor. Además, en vez de mojar el pan, lo enhariné para acrecentar el aspecto rústico. El resultado fue sorprendente, por lo inesperado y bueno. Lo que me salió fue un pan como de bolla gallega, pero en forma de barra. El exterior crujiente y el interior muy esponjoso, con miga grande. No os imagináis lo bueno que le supo a mi hijo su bocadillo de jamón con este pan.






Mi pan favorito es el de Enriquito de Sada, del que os hablé en la receta de mantequilla de almendra. Y no sólo es el mío. Una vez, en una reunión en Cordoba, coincidí con un profesor de Barcelona, al que no conocía y que casualmente veraneaba cerca de Sada, y empezó a hablarme de la bolla de pan de Enriquito. Para él era el mejor pan del mundo. Estas barras me recordaban muchísimo al pan de Enriquito, aunque, claro, no están hechas en horno de leña. 




Pensé que no iba a ser capaz de repetirlo, que había salido así por casualidad, pero al día siguiente volví a hacerlo y otra vez perfecto. Ya se ha convertido en mi receta de pan favorita, y en la de toda la familia.



Ingredientes:
340 ml agua tibia
1 y ½ cucharaditas de sal
500 g de harina blanca de fuerza 
Una cucharadita de azúcar
Una nuez de levadura fresca (o un sobre de 7g de levadura de panadero de acción rápida)




Echamos en el recipiente de la máquina de pan el agua tibia, el azúcar y la levadura. A continuación la harina y la sal.  Seleccionamos el programa para amasado.  






Si lo queremos hacer a mano, disolvemos primero la levadura con el agua tibia y el azúcar. Esperamos 5 minutos antes de empezar el amasado. Para ello, ponemos la harina y la sal en un bol, echamos el líquido en el centro y amasamos hasta tener una masa uniforme. La dejamos reposar media hora en un lugar templado, cubierto el bol con papel film. 




Una vez tenemos la masa levada, hacemos una bola con ella y la dividimos en dos.






Cogemos  una de las piezas, la aplastamos, doblamos al medio y volvemos a doblar. Aplastamos de nuevo, doblamos y formamos un tubo largo. 














Hay unos moldes de barra, pero no es necesario usarlos. Con papel de hornear es suficiente.

Cubrimos una bandeja grande de horno con papel de hornear, dejándolo subido de un lado. Colocamos la barra y hacemos una doblez en el papel, haciendo de pared en el otro lado, de tal manera que la barra quede encajada.








Hacemos con la otra pieza una barra de la misma manera. La colocamos a continuación en la bandeja y hacemos otra doblez en el papel. Colocamos un rodillo, unos libros o algo de peso, para que no se mueva el papel y las barras queden encajadas en ese molde que hemos fabricado.

Dejamos las barras en un sitio tibio, sin cubrir. Puede ser un horno a 30º. Yo las dejo sobre un radiador ligeramente caliente.

En aproximadamente una hora habrán triplicado su volumen y estarán con una especie de costra en el exterior, pero muy blanditas por dentro.






Cubrimos otra bandeja de papel de hornear (aunque sirve la misma) y, con mucho cuidado, damos la vuelta a las barras, de manera que la parte superior sea ahora la inferior, y viceversa. La idea es formar una costra alrededor de toda la barra. No hace falta ya poner separadores. Las dejamos reposar otra media hora.




En ese momento encendemos el horno a 200º.

Pasada la media hora, espolvoreamos un poco de harina sobre las barras. Si no nos gusta el aspecto tan rústico, podemos pulverizar con agua (o incluso con leche), en lugar de echar harina. Hacemos unos cortes lo más horizontales que podamos. Se necesita una cuchilla. Yo no la tengo y me quedan siempre regular.






Metemos al horno durante unos 20 minutos. Con la harina no vamos a ver si están tostadas. Cuando las toquemos y estén duras (aunque cediendo a la presión), ya están. Al enfriar, ablandan.

 













2 comentarios:

  1. Pues entonces, tienes que probar la bolla que hacen en La Rigueira, de Miño, aunque la venden por Coruña, en Betanzos...
    Después, ya me dirás.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Intentaré probarla este verano. Sabes donde la venden en Betanzos?

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...