jueves, 20 de octubre de 2016

Coulant de chocolate con corazón de caramelo de mantequilla salada (Cocina con Ulises)







Yo nunca he sido una persona golosa. Para mí la comida no necesita postre o, de tenerlo, prefiero una tablita de quesos sobre cualquier otra cosa. Siempre hay excepciones que confirman la regla. Antes a mí me gustaban mucho los tiramisús, pero hace como dos años tuve una mala experiencia con ellos y, desde entonces, me repugnan. Me había quedado sin el único postre que me gustaba hasta que descubrí el coulant.

La historia empieza en Barcelona, yendo a un restaurante muy típico, Ca L'Estevet. Pedimos un montón de platos y fue todo muy rico, lo cual nos sorprendió. A la hora de los postres, ví que tenían coulant de chocolate. No sabía lo que era, pero no había quesos y el chocolate me gusta bastante para ser dulce. Además, el nombre (no sé por qué) me sonó como a que sería una especia de soufflé y me apeteció. No he probado mejor postre en mi vida. El problema que tienen algunos postres, en mi opinión, que no me gusta es que al ser fríos te hacen daño en los dientes, pero el coulant al ser caliente, con el interior relleno de chocolate fundido (o de otra cosa) es una experiencia mortal. Sabía que había encontrado mi nuevo postre favorito.

Ulises






El coulant es un invento del cocinero francés Michael Bras. Se trata de un pastel relleno de una crema fundida que, al partirlo se extiende por el plato. Se sirve caliente. Los pasteles originales de Michael Bras son de una pasta como de galleta, aunque se ha extendido la denominación de coulant para bizcochos con el corazón líquido. Muchas veces se sirven bizcochos poco hechos y se les llama coulants, pero el auténtico coulant está bien hecho y el interior es una masa diferente que queda líquida. Esto se consigue congelando previamente el relleno.

Ulises preparó estos deliciosos coulants rellenos de caramelo de mantequilla salada, siguiendo la receta del blog aime mange. El caramelo lo hizo con la receta del Festín, que podéis ver aquí. El caramelo lo conservó en el congelador. Es tan dulce que no llega a congelarse nunca. Una idea buena, si no tenéis ganas de trabajar mucho, es sustituir el relleno por un Ferrero Rocher. Nos lo pusieron en un sitio y estaba riquísimo.

La primera vez los preparó en moldes de muffins. Conseguimos desmoldarlos, pero con muchas dificultades. Las siguientes veces (que fueron muchas) los preparó en vasitos de cerámica y, así, no hubo que desmoldarlos. Algunas veces los congelamos sin hornear y los horneamos justo antes de servir (sin descongelar, 10 minutos a 210 ºC). Así se los pusimos este verano a muchas visitas inesperadas. Todas quedaron encantadas. Incluso alguna (¿verdad, Tatá?) se los lleva para hornear en casa.











Ingredientes:
100 g de chocolate negro
100 g de mantequilla
2 huevos
80 g de azúcar glas
50 g de harina



Precalentamos el horno a 210ºC, sin gratinador (si es posible).

Derretimos al baño maría el chocolate con la mantequilla.










Batimos los huevos. Les añadimos la mantequilla con el chocolate. Mezclamos bien. A continuación echamos el azúcar y la harina. Batimos hasta tener una mezcla homogénea.












Ponemos en unos moldes de muffins un fondo de papel. Untamos con un poco de mantequilla. Si queremos evitar problemas a la hora de desmoldar, también podemos prepararlos en unos moldes de cerámica y servir en ellos.






Llenamos hasta la mitad con la mezcla de chocolate. Ponemos en el centro una cucharada de caramelo de mantequilla salada. Cubrimos con la mezcla.
















Horneamos 10 minutos. Sacamos.





Esperamos 15 minutos y desmoldamos.






Servimos calientes.











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